Inca, de Borja Cardelús

incaAcabo de leer Inca, un libro que me ha parecido espléndido. Tan amplio (476 páginas) como minucioso en los detalles que a lo largo de la novela va contando y explicando al lector qué era el pueblo Inca.

Inca, editado por Editorial Polifemo, es una gran obra donde aprender mucho y disfrutar de una novela histórica cuyos personajes ficticios y los reales se cruzan página a página confundiendo al lector para su mayor regocijo. Si bien en la trama de la novela hay momentos en que pierden fuelle, en general está muy bien construida, teniendo en cuenta que toda ella está orquestada para explicar quiénes eran los Incas, sus estructuras sociales, las costumbres y sus creencias.

Es una novela larga, pero justificada, porque los siglos de poderío Inca no puede encajonarse sin mas en una breve novela de doscientas páginas. La historia de los Incas, uno de los grandes imperios prehispánicos, eran casi tan poderosos como su dios Sol, con un férreo control sobre todo y sobre todos sus habitantes gracias a un sistema de vigilantes estructurados en un sistema socio-político que ya lo quisieran los estados modernos, a pesar de Internet y las tecnologías aplicadas que cada día nos controlan más.

Solo dar algunos pequeños detalles de cómo se organizaban los Incas. Toda la ley se basaba en tres conceptos principales: el trabajo.  Todos los habitantes incas, hombres y mujeres, desde los 6 años hasta su fallecimiento tenían un trabajo que realizar, supervisados constantemente por un vigilante que controlaba su vida laboral, familiar y religiosa. La verdad, es decir, no mentir nunca bajo pena de muerte. Este sistema que además les sometía a la declaración de cualquier pregunta de un superior, le obligaba por ley y por prejuicio religiosos, con lo que tenían asegurado el 100% de las situaciones a base de interrogatorios cruzados, pero que casi nunca era necesario porque nade llegaban a hacerlo a sabiendas porque con eso aseguraban su ajusticiamiento inmediato. La justicia, es decir, la aplicación de la justicia, cuyos jueces tenían la obligación de dar sentencia en cinco días, pues si no cumplían dichos plazos el juez era reo de la misma pena del condenado.

El Inca vivía absolutamente por encima del pueblo y la nobleza. Todos se debían ciegamente a él o se cometía sacrilegio, ya que se trataba del hijo del Sol, por lo tanto una divinidad. Se casaba siempre con su hermana, la Coya, para mantener al máximo la pureza de la sangre del heredero. Pero el Inca tenía una plebe de concubinas que podían llegar a ser más de 200 con las que mantenía relaciones sexuales habituales y con las que tenían hijos bastardos que también podían acceder a ser Inca si el Inca actual decidía sobre ello por motivos políticos o porque el hijo heredero tuviese problemas de salud o no existiese. La familias nobles, normalmente ostentaban un poder político importante. Se reunían en Panacas que eran los grupos de familias resultantes de los legados de cada uno de los Incas que habían existido formando una cadena de generaciones con mucho peso en las arcas del estado, ya que ninguno trabajaba y sus tierras y el ganado de llamas eran trabajados por incas de la clase baja, ganaderos o agricultores, la mayoría de ellos. Otra de las estructuras importantes eran las religiosas, con una estructura piramidal, cuya función era la de consagrar personas y aconsejar al Inca. Su vida era de celibato, muy exigente, con ayunos periódicos y vida en soledad. Eran poderosos pero siempre sometidos al Inca, pero por encima de la nobleza.

cusco
La capital del imperio era el Cusco, donde se cocían los tejemanejes de poder y las rencillas entre la nobleza para que el Inca apoyara las ambiciones de las diferentes panacas.

El pueblo Inca desconocían la rueda y cualquier tipo de escritura. Su manera de controlar sus contabilidades o los mensajes cifrados que podían enviarse entre el Inca, cargos políticos o la nobleza, eran por medio de los quipús, que era un sistema de nudos en cuerdas y cuyo conocimiento se le negaba a la clase baja del pueblo. Sin embargo fueron estupendos matemáticos y conocedores del cielo y las estrellas, ya que  en realidad se trataba de su "teología" porque el Sol era su dios y la Luna la hermana pequeña del Sol.

El pueblo Inca rara vez sacrificaban seres humanos, a diferencia de los los Mayas o los Aztecas. La materia de sacrificio eran llamas o coca en grandes cantidades. Pero la severidad de su justicia les hacia ser inflexibles con la pena de muerte, que casi siempre ejecutaban ejemplarmente de forma bestial y ajustada al supuesto motivo del por qué se le condenaba.

La relación incestuosa era una practica habitual entre los habitantes incaucos, pero sin embargo eran intransigentes de forma absoluta con las relaciones adúlteras y homosexuales, cuya condena a muerte no solo se quedaba en los reos, también a toda su familia para que su sangre no siguiese contaminando al pueblo Inca. También anegaban sus tierras con sal para dejarlas completamente inservibles de por vida.

Pero desde luego lo que uno descubre al término de la novela Inca es que algunos gobernantes de América latina que aborrecen el presente (política, religiosa e idiomáticamente) y que se hacen llamar indigenistas, hay dos opciones: o son unos ignorantes redomados o es que lo que desean es ser como fueron los Incas en su manera de someter a sus habitantes en una confederación esclavista por el poder omnímodo del Hijo del Sol y la clase religiosa.

borja cardelusFinalmente, a modo de resumen, la aparición de los españoles abolieron las leyes de muerte y de esclavitud estructural dando categoría de ciudadanos españoles a todos por igual, lo que les hacía señores del mundo entero como lo eran los españoles que moraban en cualquier otro lugar del mundo.

Borja Cardelús (en el enlace se incluye una biografía bastante amplia del autor) es un prolífico escritor, amante de la historia española sobre todo de su desarrollo histórico en América, un gran defensor del concepto hispánico (no confundir con lo hispano) del que una gran parte del mundo actual es heredero y cuyos hacedores de tal legado han sido los españoles de varios siglos continuados y que hoy, injustamente, es tan poco reconocido por políticos e instituciones, cada vez más alejados de la calidad intelectual al que debieran estar obligados.

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