Quién soy

Las claves: la ideología de género rompe con los estereotipos antropológicos. Además, se trata de acabar con la conciencia del discernimiento, es decir, con la idea misma del bien y del mal.

AUDIO: Nuevo golpe separatista-globalista contra España | Democracia ...

La globalización, según explica el filósofo Daniel López, en su próximo libro Historia del globalismo, «fue el resultado de la victoria del proyecto expansivo del Imperio Estadounidense contra el gigante soviético, triunfo decisivo para la configuración de la ideología de la Globalización oficial capitalista («neoliberal»), sobre todo en su modalidad financiera». Pero también fue causa del ambicioso proyecto comunista de Stalin, del que ya en los años 30 hablaba de construir el socialismo «en un solo país», es decir, el comunismo extendido devorando países y formando una sola Unión Soviética.

La realidad es que la URSS desapareció y triunfó el globalismo americano. Al principio, desde un proyecto financiero global mundial arreciado por el maridaje político entre Ronald Reagan y Margaret Thatcher, todo bien apuntalado con China, el gigante amarillo, como la gran fábrica mundial, desarmando la industria occidental y convirtiéndose en un mundo proyectado hacia el bienestar, los servicios y las ideas progresistas. Ahora pasa lo que pasa, como todos bien sabemos por el desastroso caso de los chips.

En España, al movimiento del partido Vox, que eleva altísimas expectativas políticas y sociales, han corrido a señalar su existencia como un peligro ultra de extrema derecha tratando de tacharlos con la etiqueta de facha y/o populista

Tras la estandarización económica-financiera-global-mundial, era necesario alinear las conciencias en una sola dirección generando ideologías neoliberales, como el consumo voraz que retroalimenta el sistema; la ideología de género, que rompe con los estereotipos antropológicos; y acabar con la conciencia del discernimiento, es decir, con la idea del bien y del mal, evitando mentalidades críticas y molestas a las que la Iglesia invita constantemente con cosas tan íntimas como el examen personal o el sacramento de la penitencia… Y en esto trabajan con afán los presidentes occidentales como Joe Biden en EEUU, Justin Trudeau en Canadá, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Emmanuel Macron en Francia, Pedro Sánchez en España -y Pablo Casado lo hará si llega a La Moncloa...-. Frente a Donald Trump, al que entre todos y con trampas echaron de la Casa Blanca, Vladímir Putin en Rusia, Mateusz Morawiecki en Polonia, o Viktor Orbán en Hungría, a los que Bruselas castiga e instiga por no seguir las directrices del globalismo ideológico dominante.

El trabajo de la estandarización ideológica se nos va de las manos. Hablemos de lo local, vamos de España. Hablemos de cómo pretenden neutralizar a los ciudadanos desde la bipartitocracia, alternándose mientras avanzan en la destrucción de un país, que de facto es conservador, en un proyecto progresista del que participa la izquierda y ahora también eso que llaman derecha, moldeando a la sociedad con leyes, en muchos casos perversas e inmorales o dando participación en la política nacional a partidos que solo miran por su espíritu rupturista, como los nacionalistas, mayormente catalanistas, vascos y gallegos. Todo amasado por el dinero de la Hacienda española a la que odian y que reciben a manos llenas mientras apuñalan la mano que les da de comer.

Todo, incluso ese desaguisado nacionalista, forma parte de la maquinaria homogeneizadora que apunta a una misma dirección: diluir la esencia de España y convertirla en un pret a porter social más que nacional. Pero no deja de llamarme la atención, de cómo España, incluso Europa en su conjunto, cierra filas contra aquellos partidos y movimientos disidentes que se rebelan a ser convertidos en solo algo más. Que se niegan a que les borren la identidad y sus aspiraciones legítimas a no parecerse a los demás. En España, al movimiento del partido Vox, que eleva altísimas expectativas políticas y sociales, han corrido a señalar su existencia como un peligro ultra de extrema derecha tratando de tacharlos con la etiqueta de facha y/o populista. A los que les culpan de haberse reunido con Marine Le Pen o que su líder, Santiago Abascal, se haga fotos con Jair Messias Bolsonaro… Están todos muy nerviosos, políticos, periodistas y globalistas porque parece que hay algo o alguien que se sale de lo previsto. Lo curioso es que cada día ganan más adeptos, quizá porque el sentido común social está salvando a la humanidad y luchan contra el artificio del poder.

En España llevan muy en serio eso de controlar a los ultras y a los fachas, por eso ciertas opiniones sobre Vox y sus líderes, en Facebook lo bloquean, en Twitter lo prohíben, Google lo esconde, YouTube lo elimina y los Media del Sistema nunca lo mencionan, excepto para señalarlos… La realidad es bien distinta, porque quien cuenta la crónica son medios pagados con el dinero de todos, más parecido al Granma cubano que a la prensa libre que esperamos de España

En España llevan muy en serio eso de controlar a los ultras y a los fachas, por eso ciertas opiniones sobre Vox y sus líderes, en Facebook lo bloquean, en Twitter lo prohíben, Google lo esconde, YouTube lo elimina y los Media del Sistema nunca lo mencionan, excepto para señalarlos… La realidad es bien distinta, porque quien cuenta la crónica son medios pagados con el dinero de todos, más parecido al Granma cubano que a la prensa libre que esperamos de España.

Quizá, todo este resurgir de la historia española como un baluarte de orgullo o que surja un partido que su programa que se ajusta a lo que la gente necesita, reclama o demanda, es porque los partidos y políticos pro sistema viven en otro mundo paralelo que cada vez convencen a menos votantes. No se extrañen que pronto el balance de disidentes, tanto de medios de comunicación, como de ciudadanos y partidos políticos, crezca.

El Woke no es una ideología, es una macedonia de todo lo políticamente correcto, fruto de la ignorancia supina que impregna la era actual.

El woke, como movimiento, reúne a feministas radicales, a black lives matter, indigenistas, animalistas o revisionistas de la historia y la religión, entre otros. No forman un bloque, sino que cada cosa tiene su guerra, incluso generan litigios de interés entre ellos mismos. Sin embargo, lo que los convierte en un ente común, es decir, en el wokismo, es su agresividad a la hora de defender sus objetivos, el sentimentalismo arraigado para argumentar sus ideas y la intolerancia del pacifista, que todo se puede permitir porque considera que sus ideales están por encima de cualquiera, incluso del ser humano aunque defiendan al hombre o a la mujer, al negro, al indio o al homosexual…

Mary Wollstonecraft: "Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas".

Feminismo... Qué es?

La actualidad sigue viva y debemos explicar por qué razón el nuevo feminismo es la palanca desde donde manejar de forma dictatorial a la sociedad. No se trata de un movimiento inocuo de mujeres con pensamiento revolucionario, no. La mayoría de las mujeres que colectivizan este movimiento son realmente prisioneras del brilli-brilli de un derecho inexistente por el hecho de ser mujeres, porque casi ninguna de ellas están leídas ni son críticas de pensamiento. Esa es la razón por la que sólo escuchan y recitan eslóganes en cuya creación ni tan siquiera han participado. Las feministas de cuota, encabezadas por Irene Montero, a la sazón el ministro de la más absoluta desigualdad, habla y actúa como pollo sin cabeza para justificar el puesto y el sueldo, con declaraciones continúas con las que trata de imponer su cosmovisión del feminismo de baratillo.

Las mujeres, empoderadas desde el gobierno más feminista de la historia de la democracia, o eso dice el doctor Sánchez, en el que queda incluida Carmen Calvo con toda la recua de mujeres y hombres feministas, han perdido el origen de sus aspiraciones, no les vendría mal girar la cabeza hacia el pasado, donde mujeres verdaderamente feministas, como Mary Wollstonecraft, declaraba sin tapujos que Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas. Una mujer filósofa y escritora (1759-97), de las que sí compitieron de verdad en un mundo de hombres. Hoy, por esas declaraciones, pasaría por facha y machista, sin derecho a un tan siquiera lastimero Yo sí te creo hermana, por pretender salirse del redil, o carril, que da igual.

La mayoría de las feministas son prisioneras del brilli-brilli de un derecho inexistente por el hecho de ser mujeres

La ambición de dominación de la mujer de hoy, pasa por hacerla pensar que goza de derechos especiales por el hecho de ser mujer, con una ley civil y penal diferente porque ella lo vale, sin más, donde no necesita demostrar su valía, ni su verdad. Tampoco competir en iguales condiciones con el hombre, porque para eso se ha creado la cuota que obliga a que sí o sí, valga o no, esté colocada a dedo. También se ha dotado a la sociedad de una vergonzosa, sectaria y perversa ley mal llamada de violencia género, para que sea creída por norma, solo por el hecho de ser mujer, no porque prevalezca la verdad.

Pero la vida es cruel para todos, para hombres y mujeres -aunque esto no lo digan, claro-, y desconocen que al final la suerte no es algo que surge sin más por el hecho de ser mujer, sino porque se lucha día a día, se pelea, se trabaja, se estudia, se persevera en los objetivos, y entonces sí, la suerte te cogerá en brazos en ese camino a veces duro, otras incómodo, pero siempre con el fruto que ellas llamarán suerte o, en el peor de los casos, su derecho. ¡Cuántas mujeres trabajadoras, con carrera, con oposición, o formación básica pero con mañanas madrugadas, con noches sin dormir, casadas y solteras, con excelente preparación personal para competir libremente en el mercado, se sentirán abofeteadas por estas feministas ñoñas de pijama de algodón color morado, que al final para qué quitárselo si da lo mismo la cama que un despacho!

La corrupción de la razón, de la antropología natural, tiene como consecuencia ventajosa para los gobernantes que la sociedad se convierta en una masa informe de millones de pares de ojos, brazos y piernas, pero con un solo cerebro

No hay nada que sea suerte cien por cien. La lotería necesita de un boleto y una herencia para ser hijo del donante. La suerte, la casualidad, son realidades sobrenaturales que surgen en nuestras vidas a pesar nuestro. Lo bueno, o lo menos bueno, que nos sucede tiene un amplio objetivo de reconducir nuestro camino hacia una mejor vida, Eterna si es posible. Quien quiera verlo disfrutará, quien lo niegue se amargará. Solo serán criaturas biológicas dotadas de ciertas capacidades particulares, eso sí, con las potencias de inteligencia y voluntad que les permitirán soñar con la libertad, otra afinidad sobrenatural, como el amor.

Al final nos rodeamos de tres parámetros que dan sentido a nuestra existencia. Un campo externo material y otro interior, el pensamiento. Y en este sentido, otra empoderada, Isabel Celaá, representante de uno de los ministerios más importantes por ostentar el poder que le otorga comprometer al país por generaciones, ha determinado que la religión y la cultura clásica sean relegadas a la nada en la ley de educación y sustituidas por ideología de género. Por lo tanto las nuevas claves educativas serán de orden sexual y orientación homosexualista. De esta forma se apelmaza a la conciencia individual y se promociona la inconsciencia colectiva. Ahora se comprende mejor que doña Isabel siga erre que erre, empeñada en que los padres no tenemos nada que ver con nuestros hijos, que ya si eso se encarga ella. Celaá sabe mejor que nadie que el adoctrinamiento escolar es la clave en el cambio de pensamiento generacional. ¿Quizá por esto, todo el arco parlamentario está en contra del pin parental de Vox?

Celaá sabe mejor que nadie que el adoctrinamiento escolar es la clave en el cambio de pensamiento generacional. ¿Quizá por esto, todo el arco parlamentario está en contra del pin parental de Vox?

Con tantos cambios trepidantes, nos hemos olvidado del divorcio exprés de Zapatero, una corrupción mayor de apariencia menor.

La familia

La intelectualidad actual, reflejada en la política, no es más que el espejo de la sociedad. No hay que olvidar que sus eminencias son votadas por mayorías, y eso que el sistema de sufragio de España es perverso porque no eliges personas, eliges partidos, partidos que a su vez imponen sus líderes que no tienen porqué coincidir con las elecciones de los votantes. Sin duda, de ahí la perversidad del sistema. Para muestra de esta aberración es el que nos muestra, como patente de corso, cómo Pedro Sánchez y sus socios amotinados contra España han llegado al poder.

A pesar de nosotros mismos y del daño objetivo que suponen estos líderes políticos (Pablo CasadoYolanda DíazÍñigo ErrejónGabriel RufiánAitor Esteban, Santiago AbascalCarles Puigdemont… y un largo etcétera de personajes en el poder), sin que haya un voto directo para su elección, solo el dedo interno de partido que decide por sus votantes, se trata de la generación de demócratas con los niveles más bajos de intelectualidad de nuestra historia contemporánea -salvo extraña excepción-. Son solo comparables a los mismos que alentaron a la España de la II República, que como todos sabemos terminó siendo una guerra civil que todavía hoy sigue dividiendo a los españoles, porque ciertos partidos están encantados de que así sea. Se trata de verdaderos irresponsables que pasan por hacerse los justos, lo que les hace aún más irresponsables porque corrompen la verdadera justicia.

Nuestros líderes políticos son solo comparables a los mismos que alentaron a la España de la II República, que como todos sabemos terminó siendo una guerra civil que todavía hoy sigue dividiendo a los españoles, porque ciertos partidos están encantados de que así sea

Uno de los efectos que están pervirtiendo a la sociedad es precisamente esa corrupción continuada en todo: el lenguaje, las instituciones, la historia, el sentido de la vida… Esa corrupción, como la descomposición biológica, tiende al desmembramiento, la ruptura, la desintegración del sentido de la razón y a dirigir a la sociedad. El rupturismo es generalizado, precisamente cimentado en la base de la sociedad que es justamente la familia, la principal damnificada de todo este desaguisado.

Precisamente, recientemente celebrado el día 24 de diciembre, Nochebuena, fecha que solo tiene sentido desde la religión cristiana -seas o no creyente, pues como todos sabemos es la conmemoración del nacimiento de Cristo-, la sociedad posmoderna ha roto ese espejo donde antaño se miraba. Frente a la unidad de Dios con los hombres, por ese vínculo carnal de verdadero Dios y verdadero Hombre, triunfa la disgregación de los corazones por una supuesta libertad y ciertos derechos individuales que depravan hasta la abolición de la sociedad.

Hablo del divorcio y de su extrema ley definitivamente rupturista del divorcio exprés. Otra de las bestialidades progres con la que inoculó a España la política de José Luis Rodríguez Zapatero. Una ley que ha sido incluida en el paisaje social como si se tratara de algo de naturaleza normal, algo sin importancia, porque un clavo saca a otro clavo. La relativización confunde lo que es normal con lo habitual. Otro fenómeno que viene a añadir gravedad a este problema, también rupturistas -diría más: destructivas-, como es la ley de violencia de género con la que Irene Montero sigue cavando la tumba social y por lo tanto de miles de personas. Hay que añadir a todo este despropósito progresista que todo el arco parlamentario aplaude -menos Vox-, lo que al menos produce pavor que solo un partido esté en contra de esta ley que culpabiliza a priori al hombre por simple hecho de serlo.

Frente a la unidad de Dios con los hombres, por ese vínculo carnal de verdadero Dios y verdadero Hombre, triunfa la disgregación de los corazones por una supuesta libertad y ciertos derechos individuales que depravan hasta la abolición de la sociedad

También el feminismo radical pudre el ambiente e influye directamente en las mujeres de toda edad, clase y condición. Un rodillo ideológico desde las noticias, las series, la publicidad, las modas, tertulias, debates y, por supuesto, apalancado desde lo legislativo con todo un Ministerio de Igualdad construido para todo lo contrario, con una partida multimillonaria de 500 millones para disponer en 2022 -¡prepárense!-. Pero tengan en cuenta que no sería necesario invertir en estructuras institucionales ni con esa cantidad de dinero, si el feminismo radical fuese algo que beneficiara al bien común, pero como es algo tan artificial como el plástico hay que imponerlo por ley apoyado por la propaganda mediática, que para eso están bien regados los medios de comunicación oficiales.

Quizá cada vez pasa menos inadvertido que de unas pocas décadas hasta aquí, algunas mujeres consideran que su actividad de madres de familia, esposas o amas de casa son un papel insuficiente, casi denigrante o irrelevante, porque la presión social, las noticias, las leyes y las otras mujeres, engreídas desde sus trabajos de oficina, fábrica, etc., les llevan a pensar que no son nada más que simples monigotes. A creerse que su vida no tiene o ha tenido valor, que se han convertido en mujeres de segunda clase porque decidieron un día vivir su realización personal de esa forma. Quienes han propiciado toda esta deconstrucción sabían bien lo que hacían: la ofuscación de su existencia, arrastrando con ellas lo que de verdad dependía de cada una de estas mujeres: la familia y todas sus consecuencias.

Podemos pensar, quizás demasiado facilonamente, que la victoria del laicismo, el progreso y la democracia son un éxito social. Sin embargo, no siempre el éxito en sí mismo es algo bueno. El éxito en muchas ocasiones puede ser precisamente el trampolín que nos impulse con fuerza ascendente para caer poco más tarde más abajo de donde salimos.

No sería necesario invertir en estructuras institucionales ni con esa cantidad de dinero, si el feminismo radical fuese algo que beneficiara al bien común, pero como es algo tan artificial como el plástico hay que imponerlo por ley apoyado por la propaganda mediática

Las clases medias han girado, han cambiado sus tradiciones, sus costumbres, sus creencias mayoritariamente cristianas, incluso clericales en algunas ocasiones, por una especie de modernismo impulsado desde las influencias de modas importadas de los Estados Unidos y, sin duda alguna, desde la televisión con sus ideologías adoctrinantes para las conciencias, hoy demolidas pero que antaño, ante la duda del bien y del mal, nos ayudaban a mantenernos en lo correcto.

Nos estamos aproximando a la dictadura sin lágrimas de Huxley, donde el esclavo amará su servidumbre.

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Uno de los efectos directos del posmodernismo es cómo se ha depreciado el valor de la verdad. La verdad ha dejado de ser ese acto moral con que se mide la honorabilidad y el crédito personal. Ya no es el signo supremo en el que se apoya la confianza. Los políticos en democracia la han pervertido. Desde que se legisla desde el consenso la moralidad de las leyes queda en entredicho porque hemos abandonado el sentido trascendente de los actos. Así, por ejemplo, hay un gran consenso sobre el aborto, ya no es ni bueno ni malo, sino legal...

En términos generales, la verdad consensuada es una mentira legalizada. Además, para los que creemos que la verdad es inmutable, nos ha convertido en seres intolerantesantidemocráticos, por lo que la sociedad puede condenarnos al abucheo popular y al ostracismo social. ¿Y esto por qué, si somos libres de pensar en democracia lo que nos venga en gana? Porque normalmente las personas que valoramos la verdad o la mentira como un acto radicalmente moral, no necesariamente religioso, somos tachados de catocalicazos y nos predispone, además de todo lo anterior, a ser escarnio de burlas por nuestras moralinas y despreciados. No quieren oírnos. No quieren que modifiquemos sus acomodos sociales, profesionales, incluso familiares. Somos mal queridos.

La verdad absoluta no existe es la frase mentirosa a la medida de nuestros tiempos que corean todos, desde el ignorante hasta el último político de filas pasando por reputados tertulianos que pontifican desde los micrófonos. Este eslogan es la gran mentira que justifica todo y a todos. Es la manera de dar la espalda a la conciencia, al respeto a los demás y a uno mismo, aunque quien lo diga piense que es muy filósofo y libre -que no es ni lo uno ni lo otro-.

En España no solo se consensua la verdad, es que se ha convertido en la manera estándar de hacer política. Se puede mentir sin pestañear y llegar a ser presidente de España como lo han sido Mariano Rajoy o Pedro Sánchez. Han acabado con los principios morales en el Congreso y en la calle. Eso lo saben los líderes y les importa una higa que mañana les desdigan lo dicho porque sus votantes harían exactamente lo mismo, por eso les siguen votando. Es del todo impresentable la inmunidad socialista y la impunidad sanchista de la que goza este Gobierno, cuya gestión es cuestionada de arriba abajo en lo político, en lo económico, en lo público y en lo privado. Su afán está por encima de las personas, del bien común. Son demócratas que juegan sucio, porque de las reglas del juego democrático hacen uso de forma torticera y en muchos casos de forma alegal cuando no ilegal. Las instituciones principales están corrompidas por personas corruptas como es la Fiscalía del Estado y su representante, Dolores Delgado, y esto también es solo un ejemplo.

Ojo, porque para la derecha moderada del país hay malas noticias porque el Partido Popular se prodiga en el progresismo global para arrebatar La Moncloa al PSOE, y está en las mismas. Mienten o callan la verdad, y lo saben. Igual que el PSOE, convierten sus intereses partidistas en un negocio de poder en el que la mentira, las medias verdades y la difamación al contrario son armas tácticas. Lo malo, como decía antes, es que sucede como con los votantes de la izquierda, que siguen siendo votados porque su electorado haría lo mismo.

Aldous Huxley, el célebre ensayista y autor de Un mundo feliz, dictó una conferencia titulada "La revolución final", donde ya en 1964 decía… En la próxima generación, más o menos, habrá un método farmacológico para hacer que la gente ame su servidumbre y producir una dictadura sin lágrimas, una especie de campo de concentración indoloro para sociedades enteras, de modo que la gente estará realmente privada de sus libertades, pero más bien lo disfrutará porque será desviada de cualquier deseo de rebelión por la propaganda o el lavado de cerebro reforzado por métodos farmacológicos. Y esta parece ser la última revolución. Hoy, ese fármaco es la relativización de la verdad.

La caída en picado de la naturaleza intelectual de la sociedad es evidente. Desde las instituciones, y la familia lo es, quieren que la educación sea obligatoria porque es un derecho de las personas saber leer y escribir, y ya si eso, el resto: la universidad, los master caros, los idiomas, etc. Pero las instituciones, y la familia lo es, se olvidan de que la cabeza, solo llena de  conocimientos, solo sirve para ganar dinero, y ese es el error, que el individualismo pragmático ha conseguido que ser es lo mismo que tener... ¡Terrible!

La cabeza usada solo para ganar dinero nos convierte en productos de fábrica. Las personas sómo algo más que cabeza.

Hay personas que para llegar a tener a costa de su ser siguen las liturgias neoliberales posmodernistas. Hacen cosas que no quisieran, pero las hacen. Por ejemplo mentir, no digo decir mentiras con el objeto de engañar a alguien –que también-, me refiero a vivir de mentira para parecer que eres alguien diferente a ti mismo. ¿Qué más da -piensan-, si ellos creen que soy como me ven? Políticos, ejecutivos, famosos... Sí, todos los que viven en la galería permanente del escaparatismo están condenados a mentir, porque posiblemente su vida vulgar, se parece mucho a la nuestra.

Pero los que por definición somos vulgares, los que vamos a pie de aquí para allá, los que no salimos de nuestro círculo de confort, la familia, la ruta del trabajo o las relaciones sociales habituales, también lo hacemos porque las redes sociales nos abocan a ello. Por supuesto, todas las que son gráficas, sin la menor duda. Pero también las que sirven para el debate y la opinión. Decimos lo que no diríamos a la cara de nadie, o callamos cuando nos interesa, o sencillamente bloqueamos o denunciamos a veces solo porque su opinión es diferente a la nuestra. Al final, la única red social que es verdadera, que nos tienen en la lista de favoritos sin que nos regalen Me gusta, es la familia porque solo esperan de ti que seas lo que eres: padre, madre, esposo, hijo…

No es la primera vez que hablo de nuestra orfandad moral. La falta de herramientas que durante toda la vida construían nuestra conciencia, como la religión, la moral o el examen personal, ha hecho que seamos auténticos desconocidos de nosotros mismos. Se ha eliminado la filosofía en los cursos escolares, y es uno de los errores más graves que se han cometido contra la educación escolar integral de las próximas generaciones. Ha provocado que en esas edades, cuando llegan las preguntas eternas como: quién soy, de dónde vengo y adónde voy, para qué sirvo o qué pinto en este mundo... Esas preguntas que verdaderamente nos comprometen y nos hacen volver al camino cuando nos despistamos. No, no ha sido sin querer que estas asignaturas desaparezcan.

¿Qué han conseguido? Cabezas estancas, jóvenes obsesos con tener como moneda de cambio para ser. La mayoría desconocen que normalmente eso exige mucho dinero y terminan siendo adultos materialistas, individualistas y narcisistas. La falta de preguntas a ciertas edades, dejan respuestas enterradas en la fosa común de la ignorancia. Respuestas que si no se le dan salida, con el tiempo se estratifican y necesitan una fuerte voladura para volver a ellas.

Nadie habla de lo importante que es cosechar en el interior virtudes como el servicio, la generosidad, la reciedumbre, la paciencia, el sacrificio o el esfuerzo tenaz para alcanzar lo que deseas. ¿Dónde están los modelos de hombres y mujeres –conquistadores, sabios, santos, pensadores…-, en los que los jóvenes se querían ver reflejados para ser como ellos? Hay que crecer en una dirección elevándote por encima de las vaguedades pasajeras que ofrece la vida durante toda la vida, porque muchos piensan que a partir de cierta edad la vida ya no tiene nada que ofrecerte.

La familia, que como he dicho es una institución, la más alta de ellas, tiene mucho que decir y hacer en este aspecto de la educación. Por ejemplo, las conversaciones en casa pueden dar comienzo por las preguntas que ya no hacen en la enseñanza reglada; los padres deben estar preparados para las respuestas y las explicaciones apropiadas a cada edad. Los cabezas de familia tienen mucho que hacer, porque la filosofía de la vida son los pensamientos que se reflejan en los actos, y la coherencia de vida es la que finalmente educa. Es verdad, que hoy la sociedad lastra mucho, pero pensar que la familia lo tiene todo perdido, es infravalorarla, porque es en ella precisamente donde se marca la pauta que se ha de seguir o se terminará siguiendo tarde o temprano, quizá no en vano hay tanto empeño globalista en disolverla tal cual la conocemos.

Precisamente a este punto, Benedicto XVI se apresuró a decir sobre la familia: «El matrimonio y la familia no son, en realidad, una construcción sociológica casual, fruto de situaciones históricas y económicas particulares. Al contrario, la cuestión de la correcta relación entre el hombre y la mujer, hunde sus raíces en la esencia más profunda del ser humano y sólo a partir de ella puede encontrar su respuesta».

La secularización de la sociedad, que implica a las instituciones, y la familia es una institución, está dejando cadáveres vivientes en masa. La propia jerarquía de la Iglesia española ayuda poco. Mantener una postura política cuando se trata de rearmar moralmente a la sociedad, es dar de comer pipas a los leones. Menos mal, que hoy en día las parroquias están más cerca de la calle y que desde los ambones se oyen mejores y más responsables homilías, que por cierto contrastan con la tibieza miedosa de algunos obispos, en un tono burocrático que no cala en los fieles.

Las mentiras dañadas (fake news) no son el problema en sí mismo, si no el ambiente que crean en el entorno donde se desenvuelven. Convulsionan, enfrentan y, lo que es peor, distorsionan la realidad por un sentimiento de odio hacia aquello que les hiere. Y eso desgraciadamente, la generación de políticos que dominan el panorama nacional e internacional son eso mismo que han creado: crispantes, porque no saben desenvolverse en otro campo que no sea un campo de minas. No saben debatir ideas, solo enfrentar ideas. Quizá sea la baja intelectualidad lo que da como resultado esta carrera hacia la destrucción de la sociedad y que esta dependa cada día más de ellos, de los políticos.

Otro de los causantes de los paradigmas del siglo XXI, además de los de la familia, son los medios de comunicación, que durante décadas han ido posando los modelos de una sociedad posmoderna. Han sido y son cómplices necesarios para la transformación de la sociedad. Las leyes, las ideologías y los medios de comunicación han trabajado en equipo aunque no conformaran un todo. Se han sustituidos los perfiles humanos de éxito y ya no es quien trabaja y triunfa, sino quien accede a la fama por el atajo que sea. Sin duda, la visión del hombre victorioso en la sociedad marca una ruta a seguir. El joven, rico, profesional, habilidoso, deportista, sano y ecologista… Todos los valores en alza, no así de las virtudes, de las que nadie habla.

Es de Alexis de Tocqueville la frase que mejor define a nuestra sociedad: el hombre –y la mujer– prefiere adherirse a una mentira socialmente admitida que quedarse solo ante la verdad. Así es, porque los falsos paradigmas de hoy son los más alejados de la verdad y por lo tanto de la realidad. Y España, y Europa, y Occidente en general, están (muy) lejos de la verdad porque tienen un gran aliado para esto, los medios de comunicación que todo lo dice como quiere decirlo y calla todo lo que no quiere que se conozca. Esta es la mejor fórmula para no estar al servicio de la verdad, sino más bien al objetivo de dominar en el ejercicio del poder.

Todavía hoy la TV sigue marcando la ruta del pensamiento medio nacional. Y no son las noticias las que conducen a los ciegos en la ruta de la mentira, si no la ficción, muy especialmente las series, hoy muy en auge. En estos momentos, con las nuevas plataformas que van pisando los talones a las televisiones comerciales, cran paradigmas de personas, de circunstancias, de valores, de vicios y virtudes.

Los marcos cognitivos es donde se encuadra el negocio de la comunicación: poder, dinero e ideología. Por supuesto, siempre desde la perspectiva del conflicto y la perspectiva del espectáculo. Todo vale si da rentabilidad. No importa el mensaje, solo vale continente. ¿Las noticias dan dinero si se emiten de una forma determinada? Hágase. ¿Qué esa noticia nos baja el share? No se haga. Y si esto mismo se hace con los noticiarios, imaginen ustedes que no se hará con la programación cultural o de entretenimiento.

Fíjense en este ejemplo… Pablo Motos, presentador de televisión, en la entrevista que realizó a Santiago Abascal, hablando de aborto y eutanasia, dijo alto y claro que no le preocupaba, que no le importaba ni el principio ni el final de la vida, porque "lo que sucede en medio es lo verdaderamente interesante". ¿Ven lo que esta declaración supone para millones de personas, la mayoría generaciones jóvenes, cómo toma asiento en su conciencia? Nadie le dijo con la misma fuerza que sin inicio y sin final no existe lo del medio. De Perogrullo, sí, pero nadie lo hizo. Se frivoliza con conceptos tan profundos, tan trascendentes, que nos olvidamos de que somos personas de carne y hueso, corazón y espíritu. Nos olvidamos de que nuestros principios son, o deben ser, irrenunciables porque si lo permitimos seremos un medio de comunicación más.

Faltan empresarios editores y sobran empresarios que solo miran la rentabilidad de lo que emiten. Hay un serio problema de inocular valores y virtudes a la sociedad. Necesitamos plataformas de la comunicación social que servirán de palanca. No podremos competir directamente contra los grandes grupos de comunicación, pero si podemos hacer guerra de guerrillas con multitud de pequeños medios en internet, hacer galopar a los algoritmos de los buscadores y ser una parte que pese aportando buena información. Debemos apoyar y unirnos a empresas que tengan esa vocación editorial, hoy es imprescindible.

Porque no son solo los medios de comunicación los que están a partir un piñón en los cambios de paradigmas –a ser posible globalizándolos-, con eso que llaman los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marca la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para erradicar la pobreza, para lo que propone como soluciones es promulgar el aborto y las políticas homosexualistas-. Son diecisiete empresas en total, además de las empresas españolas del Ibex, universidades y colegios, que se vuelcan en converger con esos Objetivos y que desde sus sectores proporcionan la máxima difusión e imposición, si pueden, porque al fin y al cabo estos estratos de poder social son las más globalistas y sus intereses son asíntotos aunque en el mercado vivan en una competencia voraz.

Europa ya no es la tierra de la verdad eterna. Ha perdido ese prurito que le abrió las puertas al mundo. La crisis es cultural y antropológica, es decir, personal y social. Y este desorden, en términos sociales y políticos, va a seguir creciendo y solo si volvemos a un concepto moral de los hechos, seremos capaces de recuperarlo. La vuelta a las raíces, no por motivos nostálgicos, sino porque en ese punto de inicio es donde se construyó la civilización, la arquitectura social, la justicia y la solidaridad innata que aporta la génesis del cristianismo.

Vuelvo otra vez a criticar, y con justicia y verdad, los avances posmodernos de la sociealdemocracia progre. Progre, ya sabe, es lo que se lleva, aunque les moleste más a ellos cuando se lo llamas que a la derecha, eso otro de facha y ultra. Porque progre es todo aquello que pretende ser progresita, avanzado, moderno... La paradoja es que cada paso que da hacia adelante retroceden al pleistoceno donde la ley era la supervivencia de las tribus. Voy a explicarme un poco más...

Ante las libertades democráticas, que se suponen desde hace cuarenta años, donde se nos convenció de que vivir en libertad es que cada cuatro años -últimamente cada seis meses- vamos a votar, y quea podemos reunirnos, ir a la huelga, expresarnos con libertad contra el poder omnímodo, que con Franco no se podía, nos han ido metiendo entre pecho y espalda derechos edulcorados a cambio de nuestra decadencia personal, o la esclavitud de conciencia y material. ¿Puede alguien decirme -con respeto y por orden, por favor-, desde cuándo una sociedad democrática tiene leyes que obligan a una parte de la sociedad a cumplirlas o que puede tomar una decisión pero no la contraria bajo amenaza de multas millonarias o ir a la cárcel?

Leyes como la violencia de género que solo afecta a la mitad de la población solo por el hecho de ser hombre. O la ley LGTB, de la pepera Cifuentes, plantilla a la que el resto de las comunidades se han suscrito, y en la que condenan a todos aquellos, por ejemplo, que pueden ayudar a los homosexuales que desean dejar de serlo, incluso, y aunque lo solicite, el interesado. Ya fue épica la pretendida sanción que realizó el propio Gobierno de la Comunidad de Madrid al director del colegio Juan Pablo II porque se le ocurrió dirigir una circular a los padres de los alumnos anunciándoles que en ese centro se impartiría moral cristiana y católica. Ahora bién, que el tiro le salió por la culata a la expresidenta porque finalmente un juzgado lo desestimó por fundamentalista e ir encontra de la libertad de expresión e información, que como director del centro le amparaba.

Ahora en Madrid, con otro nuevo gobierno del Partido Popular en coalición con los liberales naranjas -con trazas de extinguirse según la última intención de voto-. han sancionado a Elena Lorenzo, una coach que da apoyo sin fin de lucro a homosexuales que habían solicitado sus servicios. Nada más y nada menos que por osada e ilegal la han enchufado una multa de 20.001 euros, en plan "a ver quién es el guapo que es el siguiente", y tener a todos los colegas de Elena empotrados contra la pared, y no le queda otra que pedir ayuda para sufragar tal palo que a la velocidad que lo ha conseguido muestra la cantidad de gente que está en contra de esta reducción de la libertad personal..

La Iglesia ha dado la cara, no todos, aunque parece que sí están de acuerdo en el mensaje, porque Mons. Argüello también denunció que la Ley contra la LGTBIfobia de Madrid (elaborada por el PP) “prohíbe explícitamente el acompañamiento religioso y espiritual”, algo que “es profundamente anticonstitucional”. Pero nadie más, excepto ese partido verde y ultra que Sánchez le tiene como al innombrable, parece que es el único dispuesto a enseñar los dientes a leyes de este pelaje. Los demás compiten en ser progres, muy progres y súper progres y -discúlpenme-, el último marica.

¿Dónde esta la sociedad de las libertades y el igualitarismo? ¿No ven los ciudadanos de toda condición que una ley que castiga sólo porque cambias de opción, y que sólo en una dirección es al final un cepo para todos? ¿Dónde están los ciudadanos heterosexuales y homosexuales que no salen a la calle a defender sus libertades? Somos capaces de pasar frío o calor en una manifestación contra el cambio climático y no movemos un dedo por el cambio de opinión personal. Sociedad muy rebelde mientras no nos afecte. ¡Pero, ay, cuando nos tocan la fibra...! Entonces se nos aplicará el famoso poema escrito por Martin Niemöller, pastor luterano alemán, cuyas versiones más conocidas comenzaron a circular en los años 1950:

 "Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada"

Verdad y justicia. No hay una ley que sea justa si no está amparada en la verdad, y la verdad es es radica porque es la verdad, y no es negociable. Cien veces repetidas una mentira no hace una verdad y la legislación actual pretende fabricar verdades a golpe de consenso, por los votos de personas vacías de moral, de rigor y justicia, solo con intereses que no pueden ser nada más que oscuros porque no aportan luz al bien común.

La ONU empezó a sugerir a los presidentes socialdemócratas que crearan determinada legislación convirtiendo hechos de perversión en algo legal, normalizando determinados comportamientos.Pensé que el título iba a ser una pregunta retórica, luego vi que no, que era directa como un puñetazo en el ojo. He analizado la situación actual a la luz de la historia más contemporánea, y vi cómo desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la sociedad de corte tradicional y conservadora ha girado a progre e individualista.

Todo tiene un principio. Marcos López Herrador lo explica muy bien en su ensayo La rebelión de los amos (Sekotia, 2017), donde hace una exposición clara y contundente de que los aliados vencedores, dirigidos por el gran hermano americano, quisieron construir una Europa social, democrática y solidaria y el resultado final vino a llamarse socialdemocracia, donde todos las ideas tenían cabida excepto las excluyentes y no democráticas. Se trataba de un potente muro que frenara el avance impositivo del comunismo de la URSS.

De esos años '40, el salto de los '50 y '60 se cobró con un desarrollo económico e industrial sin precedentes en la historia de la humanidad. Tanto es así que incluso decidieron firmar un acuerdo que determinaron llamar Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que, nada más y nada menos, la familia ocupa el puesto 16 de los artículos: La familia es la unidad básica natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a protección por parte de la sociedad y del Estado. Del orden y recto cumplimiento de esto se encargó una nueva organización que vino a llamarse Organización de Naciones Unidas (ONU, 1948).

"La familia es la unidad básica natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por el Estado", recoge la Declaración Universal de los DD. HH.

Este éxito financiero, el amplio desarrollo demográfico y las coberturas sociales de las que gozaban sus habitantes hacían de la Europa común el paraíso de cualquier demócrata de clase media, donde ni el frío ni el hambre volvería a asolar los hogares. Sin embargo, y aun yendo todo también y tan bonito, Estados Unidos no implantó ese mismo régimen sociopolítico para sí mismo... ¡Ahí lo dejo! -y que cada uno entienda lo que quiera entender.-

Y pronto llegaron las tendencias globalistas con matices de dominación mundial. Control del mercado internacional, freno a la expansión demográfica y desarrollo de las libertades individuales. Este combinado de fuerzas, que se trenzaban entre sí generando nuevas y diferentes corrientes de movimientos sociales, reventó finalmente en el Mayo del 68 -del que por cierto celebramos el 50 aniversario, que es coincidente con el de la Humanae Vitae, ¡qué casualidad!-.

En Europa se instauró la socialdemocracia, sin embargo, EEUU no implantó ese mismo régimen para sí mismo.

Fueron los niños pijos europeos que se rebelaron contra el poder establecido y sus padres. Aquellos que les habían regalado un estado del bien estar, una vida fácil con protecciones sociales pagadas por sus impuestos, y como si hubiesen recibido un mensaje colectivo, descubrieron que les habían engañado y que lo que deseaban era libertad, que al fin y al cabo se ceñía a la libertad sexual que se les antojaba. Las tradiciones y las costumbres de familia les aprisionaban.

Más tarde, los códigos heteropratiarcales eran sus cadenas, sobre todo para las mujeres, sometidas por el varón a través de los embarazos que las relegaban a un ser mamífero procreador sí o sí. Las feministas, por un lado, y los movimientos homosexualistas, por otro, comenzaron a cerrar la pinza que ahogaba a la familia. Metodos anticonceptívos, amor libre, aborto... Más tarde, fecundación in vitro y vientres de alquiler para que quien quiera ser familia que lo sea, aunque no lo sea, ni lo será jamás.

Las ideologías eugenésicas que en Estados Unidos estuvieron tan de moda desde finales del siglo XIX, que hasta los propios presidentes promulgaban, y que la Alemania nazi lo hizo descaradamente, pensaron que no podrían seguir adelante con ellas y que todo debería ser más sugestivo sin que nadie pudiera poner en duda que su vida estaba en peligro. La estrategia, bendecida por la ONU y responsable de su impulso en todo el mundo, comenzó por sugerir a los presidentes socialdemócratas que crearan determinada legislación convirtiendo hechos de perversión en algo legal, normalizando determinados comportamientos. Para eso no faltarían subvenciones, inversiones locales y relaciones internacionales para abrirse al mundo entero.

Los niños pijos europeos descubrieron el engaño y se rebelaron contra el poder y sus padres, deseando libertad... más bien, libertad sexual.

Llevamos más de 40 años de socavar a la familia, a la unidad básica natural y fundamental de la sociedad, dejándola cada vez más huérfana, aislada y apaniguada, tratando de meter en el mismo saco a los mal llamados matrimonios homosexuales y las familias monoparentales. Por supuesto, el aborto, hoy por hoy, está asumido por la sociedad como un hecho necesario, más que nada por libertad de la mujer. Sin embargo, cuando democráticamente un país decide que el aborto no es admisible, las ordas mundiales se echan encima como acabamos de ver en Argentina y nuestro inelecto presidente, Pedro Sánchez, y Ada Colau se apresuraron a rasgarse las vestiduras  escandalizados por semejante delito siendo más feministas que las más feministas.

Pero que estos personajes digan eso, es de cajón, están obligados a ello por la trilateral internacional. El peor pelotazo llega desde dentro, desde las filas familistas que se suponen que están para defender a la familia natural, y así el nuevo presidente de Familias Numerosas, Benito Zuazu, se expresa con estas palabras: “le aseguro que voy a mantener relaciones con todas las federaciones que representan a los diversos modelos de familia, como las LGTBI o las monoparentales, para ver en qué aspectos podemos ir unidos”. En fin, si desea seguir siendo familia y no un invento progre, deberá, mientras no se demuestre lo contrario, seguir luchando por usted mismo. ¡Ánimo, hay esperanza!

Llevamos más de 40 años de socavar a la familia: los mal llamados matrimonios homosexuales, familias monoparentales y el abort.

 

Libertad. La democracia es eso, libertad. Sin embargo, cuando la libertad está consensuada por unos pocos gracias al empoderamiento al que acceden por medio de las urnas, la libertad no es lo que es, sino la forma ineludible de actuar en sociedad.

Libertad. La RAE específica hasta 12 acepciones para esta palabra que ha sido sobada, manipulada y deformada por políticos populistas, filósofos interesados y el vulgo siempre cuando le ha convenido. Pero me quedo con las dos primeras que creo que son las que de alguna forma más nos afectan:

  1. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
  2. Estado o condición de quien no es esclavo. En democracia se vende este concepto porque se nos dice que podemos elegir libremente a quien deseamos que nos gobierne, es decir, a esos cuya confianza formalizamos en las urnas para que cuiden de nuestras vidas y favorezcan el bien común. Una libertad que nos hace creer que si salen los nuestros nuestras vidas mejorarán y, si no, no serán tan buenas como podríamos imaginar.

 

Por lo tanto tendremos que asumir la responsabilidad de nuestros actos cuando a los que votaste una vez que gobiernan, no lo hacen pensado en nosotros, sino en sí mismos. Es decir, la democracia actual consiste en que participamos en libertad para que los políticos se blinden con nuestros votos en una dictadura. Una dictadura que, cuando es mayoría, se vuelve en dictadura absoluta.

Cuando los políticos o las personas que acceden a gobernar no se rigen por los principios que les definen y son corrompidos por el poder, corrompen a los que les rodean y corrompen la razón para que todo esté de su lado, da lugar un Estado fallido porque estafa la libertad prometida al ciudadano. Cuando las decisiones de Estado se rigen por la ética del pensamiento dominante y carece de razones morales, el ciudadano está perdido porque no tiene más salida que soportar heroicamente lo que deciden por él. Entonces el punto 2 de la acepción de Libertad deja de tener sentido, porque somos esclavos de una libertad consensuada.

Populismos llenos de eslóganes y vacíos de soluciones; nacionalismos que excluyen otras formas de pensar y querer vivir; leyes que se ejecutan aboliendo uno de los principios fundamentales de un Estado de Derecho, como es la presunción de inocencia; los medios de comunicación convertidos en voceras de los intereses financieros e ideológicos; y la masa social cautiva por su baja intelectualidad, moral y reflexiva... Entonces estamos ante un país camino de la ruina. Toynbee dejó muy claro este punto: Las civilizaciones no mueren asesinadas, sino que se suicidan.

Llevamos años de vaciado moral, huyendo hacia delante de nuestra identidad cristiana, en una constante disolución de nuestros principios y nuestras costumbres. Apisonados por una cultura constante de la muerte: el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, la degeneración de la lucha de géneros. Unos pocos empujan y empujan para que la sociedad sea una masa enorme y deforme fácilmente manejable.

Muchos ya lo ven como algo normal, una vana evolución del ser humano. Menos se rebelan contra este cambio pero callan cómplices, o cobardemente, casi peor. Y pocos, muy pocos, pelean arriesgando su fama, su carrera, su fortuna, estudiando y formándose para combatir desde la intelectualidad este ataque salvaje y democrático contra la dignidad del ser humano.

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